"Para el orgullo constituye una especie de placer el
burlarse de los defectos que no se tienen y ese tipo de satisfacciones resultan
tan gratas al hombre y especialmente a los imbéciles, que es muy raro ver que
renuncien a él… Además, todo esto se presta a murmuraciones, frías ocurrencias,
estúpidos juegos de palabras y para la sociedad, es decir, para una colección
de seres reunidos por el aburrimiento y moldeados por la estupidez, resulta tan
agradable hablar dos o tres sin decir nada nunca, tan delicioso el brillar a
costa de los demás y denunciar condenatoriamente un vicio que uno está muy
lejos de tener… es una especie de tácito elogio que uno se hace a sí mismo; a
ese precio uno consiente incluso en unirse a los demás para formar una cábala y
aplastar a aquel individuo cuya tremenda culpa es la de no pensar como la
mayoría de los mortales y uno se vuelve a casa henchido de orgullo por el
ingenio demostrado cuando con semejante conducta de lo único que se ha hecho
gala y a fondo es de pedantería y de cretinez."
"Y bien, ¿no hace lo mismo que vos? ¿Cuál es esa
bárbara ley que encadena a ese sexo de forma tan inhumana dándonos a nosotros
toda la libertad? ¿Es eso equitativo? ¿Y con qué derecho de la naturaleza vais
a encerrara vuestra mujer en Sainte-Acre mientras os dedicáis en París o en
Orleáns a poner los cuernos a otros maridos? Amigo mío, eso no es justo; esta
adorable criatura, cuyo valor no supisteis apreciar, vino también en busca de
otras conquistas. Hizo muy bien y se encontró conmigo; yo la hago feliz, haced
vos que lo sea la señora de Raneville, lo acepto, vivamos felices los cuatro y
que haya víctimas del destino, pero no de los hombres"
...así como no entiendo cómo los orbes flotan en el espacio,
así también pueden existir cosas sobre la tierra que no acierte a comprender.
