domingo, 18 de septiembre de 2016

Día Agitado de un Siete (falso)

                No me gustan las manos del Viejo, he de reconocerlo mientras comparto esta noche junto a mis treinta y nueve compañeros. Nunca se limpia las manos después de comer esa pizza grasienta y encima siempre nos baña con algo de cerveza. Para el momento en el que todos ya están demasiado borrachos o cansados y nosotros nos vamos, siempre terminamos todos pegoteados por sus detestables costumbres. Cuando por esas cuestiones del azar que jamás comprenderé dos de mis camaradas y yo terminamos de su lado, nos preparamos para lo peor. Para ser manoseados, estrujados y revoleados, golpeando la madera con ese ruido seco mientras la estentórea voz del Viejo corta el aire con algún juramento de grueso calibre que siempre estalla acompañado por una perdigonada de saliva, masa y mozzarella. Ya tenemos experiencia en sentir bien de cerca ese desagradable aliento de condimentos de pizza, chimichurri o vino, según la ocasión.

         No logro entender si el Viejo tiene algo personal conmigo. Por eso me gusta más cuando me toca con el Gordo, que nos mira a todos igual, normalmente masticando un escarbadientes. Tampoco le falta el chopp de cerveza en la mano cada vez que lo vemos, y debo reconocer que su aliento y su vocabulario son tan vehementes como los del Viejo. Los otros dos cambian seguido y no recuerdo sus nombres… El Tano, el Flaco, el Negro, el Profe, etcétera. ¿Por qué voy a recordarlos si rara vez a nosotros nos ponen un nombre? Acá somos como una familia, para mí somos todos iguales, eso es lo que me molesta del Viejo más allá de sus modales y su higiene. No logro entender por qué esa sonrisa cuando ve al más buen mozo de nosotros o a la más linda de los cuarenta. A mis dos primos mayores los mira con respeto, cariño y hasta excitación podría decir… pero es totalmente distinto cuando nos ve a mí y a mi primo más chico. Aunque no siempre, a veces cuando aparecemos con cierta compañía, también se pone contento… Pero con mis dos primos mayores siempre sonríe. En cambio el Gordo siempre tiene la misma cara de gordo. Sólo me llama la atención la manera en que levanta las cejas mirando al Viejo cuando ve llegar al más apuesto de nosotros.


                Oigo la voz del Gordo cobrándole a un pasajero, otro que sube e indica una intersección en Parque Patricios.  La oscuridad de la guantera es total y yo no puedo parar de pensar en la gesta de esta noche, en la repugnante sonrisa del Viejo gritándole burlonamente a sus dos contrincantes “hoy duermen afuera” una y otra vez tras habernos rociado con su baba (a mí, al compañero que cuando viene conmigo el Viejo sonríe y a otro más que estaba ahí de casualidad) al vociferar “¡treinta y tres, la concha de tu hermana!”.


Ranking personal

1 - El Demonio en lo del Gordo (o el gordo endemoniado)  2 - El Vigilante  3 - Tras la Oscuridad de la Banquina  4 - Del Mecani...