"El rock debe ser simple, do acorde!!" - Luca Prodan
Furiosos
tappings e intrincadísimas escalas inundaban de virtuosismo musical el auto de
un muchacho que esta noche estaba muy contento. Mientras conducía su 208
blanco, en su mente se proyectaban imágenes de los dedos de aquel heroico
guitarrista pulsando las cuerdas a velocidades que ponían en duda las leyes de
la física moderna. Él había tenido la suerte de verlo desde la valla unas
semanas atrás, y no se había perdido un solo instante de observar la avanzada
técnica que aplicaba al ejecutar su instrumento. Hasta casi había logrado
agarrar la gloriosa púa a mitad de vuelo, pero por pura obra de Mandinga había
rozado la punta de sus dedos para desviar su trayectoria y terminar presa de las
manos de un gordo. Pero no importaba, él todavía no podía creer la cátedra de
puro virtuosismo, complejidad musical y técnica que había presenciado.
De todas formas, el motivo de su felicidad la
noche en cuestión era otro.
-Hey, ¿no querés
que pasemos por una estación de servicio a comprar algo para comer? - le dijo
la chica que iba en el asiento del acompañante, trayéndolo de vuelta al planeta
Tierra-. Adentro te rompen el orto de acá hasta Lomas de Zamora…
-Eeeeehhhh
bueno… No, no sé. Elegí vos – contestó, visiblemente afectado por la
interrupción de su safari por el mundo de las más retorcidas escalas y arpegios
-. Pienso que deberíamos comprar provisiones pero no tantas puesto que vamos a
pasar sólo una noche y además no es mi intención alarmar a los encargados de
conserjería ingresando con bultos muy alevosos, podrían percatarse de que estamos
contrabandeando alimentos adquiridos afuera.
Amaba
embellecer sus frases de una manera un tanto inusual, dotándolas con cierto
formalismo y misterio. Hasta sentía algo de placer cuando utilizaba alguna
palabra rescatada de las profundidades más olvidadas del diccionario y su
interlocutor le preguntaba qué significaba. Porque él detestaba el
empobrecimiento del idioma, tal como detestaba la música cuadrada y de fácil
interpretación. Y por supuesto también le encantaba expresar esto último
siempre que se le presentaba la oportunidad. Como por ejemplo en el momento que
siguió a continuación, un rato después de que trabara la puerta.
-¡Esta habitación
está re buena! ¡Tiene para enchufar el celular y poner música! A mí me encanta
escuchar unos temas de Motorhead, de los Ramones o de Pappo en estos momentos…
- le dijo la chica, acariciándole el hombro con una piernita.
-Naaaah, ni
ahí. Eso es de baja calidad compositiva. Es re cuadrado – contestó él, y la
piernita dejó de acariciarlo-. Prefiero estimular mis sentidos con algo de
mayor complejidad musical y poder apreciar el virtuosismo y los años que los
excelsos músicos que oigo han invertido en el conservatorio.
-Pero… bueno,
dejalo ahí – le dijo la minita.
Y tal como le
gustaba apreciar las avanzadas técnicas musicales y la riqueza del idioma,
también era un orgullo para él aplicar la misma complejidad cuando estaba a
solas con una chica. Sorprendentemente, a pesar de la creciente cara de culo de
su compañera, momentos después pudo ponerlo en práctica. Pero no por mucho
tiempo.
-No, pará, no
me gusta.
El
muchacho casi se vuelve loco al oír esas palabras.
-¿Cómo que no
te gusta? Llevo semanas practicando todas estas posturas complejas y leyendo
sobre técnicas para hacerte sentir más placer… ¿Y me decís que no te gusta?
-No… Mirá, sos
buen pibe, pero todas estas vueltas… No sé, como que no me termina de calentar.
-¿Me estás
jodiendo? ¿No viste todas las posturas que sé hacer? Todas mis técnicas… Es
como decirme que no te gustan mis discos de metal progresivo y defenestrar todo
el virtuosismo de esas guitarras…
La
chica ya se había vuelto a poner su tanguita, dando cuenta de que la situación
ya era irreversible.
-Yyyy mirá, mi
ex ponía un disco de los Ramones y me re garchaba – replicó la chica, echándole
querosén al fuego que se había encendido donde lo que menos había habido era
fuego-. Vos sos igual que esos músicos de mierda que escuchás, mucha técnica,
mucho virtuosismo pero no tienen sentimientos al tocar y no le ponen onda… No
transmiten un carajo. Mi ex no se sabía ni la mitad de esas posturas raras que
te aprendiste pero no las necesitaba, me dejaba feliz… vos me re embolaste.
Igual que todas esas bandas que vos decís que son de baja calidad compositiva, no
sabrán ni en pedo todas esas técnicas de las que tanto te gusta hablar… pero
sirven para transmitir lo que sienten. Eso es lo que cuenta. Esos giles que
suben videos diciendo que tocan diez mil notas por minutos, ¿de qué mierda les
sirve? Si suenan como un robot y no expresan nada…
El rostro
desencajado del muchacho tampoco iba a ayudar a revertir este acto de
sacrilegio, blasfemia, injuria y descrédito hacia el profesionalismo de los más
destacados músicos del mundo.
-Vos estás en
contra de la evolución de la mente humana, nena – el muchacho revoleó su remera
estampada con el logo de una banda de alta calidad musical contra la pared, las
cosas se habían puesto muy intensas-. No sabés de lo que estás hablando, algún
día te vas a dar cuenta que estás muy errada en tu pensamiento primitivo y
opuesto a la exploración y a la experimentación en la composición…
-Dale, flaco,
hasta hablás como un pelotudo usando esas palabras para hacerte el interesante
y camuflar lo vacío que estás – dijo la chica, que ya había terminado de
vestirse.
-¡¡¡Vas a
transitar tus tristes días encasillada en tres acordes cuadrados!!! – le gritó
él mientras ella cruzaba la puerta de la habitación.
“Andá a
hacerte coger” fue la única respuesta que obtuvo. Volvió a trabar la puerta, ya
que estaba ahí se iba a quedar a dormir, si no era plata al pedo. No le quedaba
otra, iba a aprovechar todo lo que le daba el hotel… Se sentó en la computadora
y buscó videos de esos guitarristas asiáticos que tocaban con tanta rapidez y
virtuosidad, y estuvo dos minutos viéndolo hasta que se percató de que algo
andaba mal. Levantó la persiana lo más rápido que pudo y miró entrecerrando los
ojos. Pudo ver, a lo lejos, un 208 blanco con una inconfundible calcomanía de
su banda favorita pasando un semáforo en rojo. Pero bueno, al menos lo
reconfortaba que él no iba a vivir una triste vida encasillado en tres acordes
de mierda. Y al menos el tenía la púa de aquel excelso guitarrista. Ah no,
cierto que sólo le había rozado los dedos y se la había quedado un gordo.
Igual, al menos la había rozado, al menos él sabía apreciar la calidad
compositiva. Se acostó y se hizo la paja, mientras de fondo todavía sonaba
aquel guitarrista asiático.