miércoles, 22 de julio de 2015

Calidad Compositiva (22/07/2015)

             "El rock debe ser simple, do acorde!!" - Luca Prodan


       Furiosos tappings e intrincadísimas escalas inundaban de virtuosismo musical el auto de un muchacho que esta noche estaba muy contento. Mientras conducía su 208 blanco, en su mente se proyectaban imágenes de los dedos de aquel heroico guitarrista pulsando las cuerdas a velocidades que ponían en duda las leyes de la física moderna. Él había tenido la suerte de verlo desde la valla unas semanas atrás, y no se había perdido un solo instante de observar la avanzada técnica que aplicaba al ejecutar su instrumento. Hasta casi había logrado agarrar la gloriosa púa a mitad de vuelo, pero por pura obra de Mandinga había rozado la punta de sus dedos para desviar su trayectoria y terminar presa de las manos de un gordo. Pero no importaba, él todavía no podía creer la cátedra de puro virtuosismo, complejidad musical y técnica que había presenciado.
 De todas formas, el motivo de su felicidad la noche en cuestión era otro.
-Hey, ¿no querés que pasemos por una estación de servicio a comprar algo para comer? - le dijo la chica que iba en el asiento del acompañante, trayéndolo de vuelta al planeta Tierra-. Adentro te rompen el orto de acá hasta Lomas de Zamora…
-Eeeeehhhh bueno… No, no sé. Elegí vos – contestó, visiblemente afectado por la interrupción de su safari por el mundo de las más retorcidas escalas y arpegios -. Pienso que deberíamos comprar provisiones pero no tantas puesto que vamos a pasar sólo una noche y además no es mi intención alarmar a los encargados de conserjería ingresando con bultos muy alevosos, podrían percatarse de que estamos contrabandeando alimentos adquiridos afuera.
Amaba embellecer sus frases de una manera un tanto inusual, dotándolas con cierto formalismo y misterio. Hasta sentía algo de placer cuando utilizaba alguna palabra rescatada de las profundidades más olvidadas del diccionario y su interlocutor le preguntaba qué significaba. Porque él detestaba el empobrecimiento del idioma, tal como detestaba la música cuadrada y de fácil interpretación. Y por supuesto también le encantaba expresar esto último siempre que se le presentaba la oportunidad. Como por ejemplo en el momento que siguió a continuación, un rato después de que trabara la puerta.
-¡Esta habitación está re buena! ¡Tiene para enchufar el celular y poner música! A mí me encanta escuchar unos temas de Motorhead, de los Ramones o de Pappo en estos momentos… - le dijo la chica, acariciándole el hombro con una piernita.
-Naaaah, ni ahí. Eso es de baja calidad compositiva. Es re cuadrado – contestó él, y la piernita dejó de acariciarlo-. Prefiero estimular mis sentidos con algo de mayor complejidad musical y poder apreciar el virtuosismo y los años que los excelsos músicos que oigo han invertido en el conservatorio.
-Pero… bueno, dejalo ahí – le dijo la minita.
Y tal como le gustaba apreciar las avanzadas técnicas musicales y la riqueza del idioma, también era un orgullo para él aplicar la misma complejidad cuando estaba a solas con una chica. Sorprendentemente, a pesar de la creciente cara de culo de su compañera, momentos después pudo ponerlo en práctica. Pero no por mucho tiempo.
-No, pará, no me gusta.
                El muchacho casi se vuelve loco al oír esas palabras.
-¿Cómo que no te gusta? Llevo semanas practicando todas estas posturas complejas y leyendo sobre técnicas para hacerte sentir más placer… ¿Y me decís que no te gusta?
-No… Mirá, sos buen pibe, pero todas estas vueltas… No sé, como que no me termina de calentar.
-¿Me estás jodiendo? ¿No viste todas las posturas que sé hacer? Todas mis técnicas… Es como decirme que no te gustan mis discos de metal progresivo y defenestrar todo el virtuosismo de esas guitarras…
                La chica ya se había vuelto a poner su tanguita, dando cuenta de que la situación ya era irreversible.
-Yyyy mirá, mi ex ponía un disco de los Ramones y me re garchaba – replicó la chica, echándole querosén al fuego que se había encendido donde lo que menos había habido era fuego-. Vos sos igual que esos músicos de mierda que escuchás, mucha técnica, mucho virtuosismo pero no tienen sentimientos al tocar y no le ponen onda… No transmiten un carajo. Mi ex no se sabía ni la mitad de esas posturas raras que te aprendiste pero no las necesitaba, me dejaba feliz… vos me re embolaste. Igual que todas esas bandas que vos decís que son de baja calidad compositiva, no sabrán ni en pedo todas esas técnicas de las que tanto te gusta hablar… pero sirven para transmitir lo que sienten. Eso es lo que cuenta. Esos giles que suben videos diciendo que tocan diez mil notas por minutos, ¿de qué mierda les sirve? Si suenan como un robot y no expresan nada…
El rostro desencajado del muchacho tampoco iba a ayudar a revertir este acto de sacrilegio, blasfemia, injuria y descrédito hacia el profesionalismo de los más destacados músicos del mundo.
-Vos estás en contra de la evolución de la mente humana, nena – el muchacho revoleó su remera estampada con el logo de una banda de alta calidad musical contra la pared, las cosas se habían puesto muy intensas-. No sabés de lo que estás hablando, algún día te vas a dar cuenta que estás muy errada en tu pensamiento primitivo y opuesto a la exploración y a la experimentación en la composición…
-Dale, flaco, hasta hablás como un pelotudo usando esas palabras para hacerte el interesante y camuflar lo vacío que estás – dijo la chica, que ya había terminado de vestirse.
-¡¡¡Vas a transitar tus tristes días encasillada en tres acordes cuadrados!!! – le gritó él mientras ella cruzaba la puerta de la habitación.

“Andá a hacerte coger” fue la única respuesta que obtuvo. Volvió a trabar la puerta, ya que estaba ahí se iba a quedar a dormir, si no era plata al pedo. No le quedaba otra, iba a aprovechar todo lo que le daba el hotel… Se sentó en la computadora y buscó videos de esos guitarristas asiáticos que tocaban con tanta rapidez y virtuosidad, y estuvo dos minutos viéndolo hasta que se percató de que algo andaba mal. Levantó la persiana lo más rápido que pudo y miró entrecerrando los ojos. Pudo ver, a lo lejos, un 208 blanco con una inconfundible calcomanía de su banda favorita pasando un semáforo en rojo. Pero bueno, al menos lo reconfortaba que él no iba a vivir una triste vida encasillado en tres acordes de mierda. Y al menos el tenía la púa de aquel excelso guitarrista. Ah no, cierto que sólo le había rozado los dedos y se la había quedado un gordo. Igual, al menos la había rozado, al menos él sabía apreciar la calidad compositiva. Se acostó y se hizo la paja, mientras de fondo todavía sonaba aquel guitarrista asiático. 

martes, 24 de marzo de 2015

Hay que Arreglar (21-12-2012)

         Matías tenía 18 años cuando esta historia sucedió. En una de sus andadas por los bares de mala muerte que solía frecuentar con sus amigos, fue que encontró lo que buscaba hacía tiempo: una hermosa muchacha. Como él acostumbraba hacer cada vez que conocía una chica, le dio un papelito con su nombre de facebook anotado. La muchacha no tardó en ponerse en contacto con él, y al día siguiente ya estaban entablando una amistosa conversación virtual. A medida que pasaban los días, Matías se sentía cada vez más feliz, porque el objetivo que había soñado apenas había visto a esa chica estaba cada vez más cerca.
                No pasó mucho tiempo, y ni siquiera Matías tuvo que arriesgarse a hacer un esfuerzo, ya que ella misma fue quien propuso un segundo encuentro. Matías la invitó a ver películas en su casa el fin de semana siguiente, y ella no lo dudó.
                Los días que siguieron, Matías gastó buena parte de lo que tenía ahorrado en preparativos. Pasó por el supermercado y compró unos deliciosos bombones para disfrutar con su nueva chica, una botella de champagne y algunas galletitas de chocolate. Compró un calzoncillo nuevo porque los que tenía ya no estaban en tan buen estado, y exploró una farmacia para terminar comprando una amplia variedad de preservativos, de distintas marcas, formas y sabores, que después se tomó el tiempo de probar en la soledad de su cuarto a ver cuál le resultaba más cómodo.
                La noche en cuestión el tiempo pasó rápido, y cuando Matías se dio cuenta estaba viendo deslizarse los créditos de una película de mierda coreana que había llevado su chica. Los créditos también pasaron rápido, y en un abrir y cerrar de ojos Matías tenía a la hermosa muchacha encima, besándolo y revoleando su ropa.
-Dale, haceme lo que quieras – le decía su chica, con el corpiño colgando del ventilador de fondo.
Pero había algo que estaba mal, Matías no sabía qué era pero había algo que no lo dejaba continuar.
-No… hoy no me siento bien. A lo mejor el fin de semana que viene, vamos a ver. Hay que arreglar.
                La chica no se enojó y se durmió abrazada a él, tras escuchar la promesa de que el fin de semana siguiente Matías cumpliría con su deuda.
                Durante la semana que siguió, hablaron por facebook casi todos los días, y Matías repitió el ritual de la farmacia y el supermercado, y volvió también a comprarse otro calzoncillo porque si la chica lo veía con el mismo otra vez iba a pensar que era un sucio. Y de nuevo no se hicieron esperar los créditos de otra película de mierda, española esta vez, como tampoco se hizo esperar la fuerza invisible que impedía que Matías diera rienda suelta a sus sueños más salvajes.
-No… mirá, no te enojes, pero hoy tampoco me siento bien. Hay que arreglar para el primer finde del mes que viene, a lo mejor ahí puedo.
Pero esta vez la chica replicó:
-¿Y por qué el fin de semana que viene no?
-Porque ese sábado a la tarde voy a una exposición de dinosaurios y voy a volver cansado – se excusó Matías.
-Pero el viernes podés – insistió la chica.
-No porque a la tarde tengo que ir al colegio y voy a estar hecho mierda, además si estoy con vos no voy a dormir bien y voy a estar cansado en la exposición.
-¿Y el domingo? – la chica era verdaderamente insistente.
-No, el domingo es domingo… no da.
-Entonces el primer finde del mes que viene.
-Bueno… hay que arreglar – decretó Matías, con esa frase tan odiosa, y la chica se durmió en cuestión de minutos, esta vez mirando la pared.  
                “Ay Matías, ¿cuándo la vas a poner?”, siempre dice mi abuelo al terminar de contar la historia de su hermano menor mientras prepara el asado tomando un buen vino, sonriendo mirando al fuego, recordándolo con una mezcla de ternura y lástima, cada vez que alguien nuevo viene a casa. Nunca cuenta qué pasó el primer fin de semana del mes siguiente, pero da a entender que la chica nunca más volvió. Y les cuenta esta historia a todos sus nietos, y a todos mis amigos cada vez que hacemos asado y le convidamos un vaso de vino, recomendándonos juntarnos todos los fines de semana y no darle vacaciones a la parrilla. Algunos dicen que es un viejo guarango y que cuenta boludeces, pero yo lo banco. Y según él, en la habitación de su ya difunto hermano, cuando las luces se apagan, todavía se puede escuchar el traqueteo de las teclas escribiendo una y otra vez  “hay que arreglar”.

Ranking personal

1 - El Demonio en lo del Gordo (o el gordo endemoniado)  2 - El Vigilante  3 - Tras la Oscuridad de la Banquina  4 - Del Mecani...